viernes, 12 de noviembre de 2010

Encuentro con el diablo

-¡Hijo de puta!, viniste... te estábamos esperando...

-La pucha, no dejé nada. Sabes lo que me das más bronca… que yo esperaba otra cosa…soñaba que miles de personas me lloraran, que me despidieran… viste que cuando te morís podes ver desde arriba… y sólo había algunos familiares, amigos, pero eran tan pocos…

-Y si… la vida es dura. La muerte más. Pero no te preocupes acá te vas a sentir como en tu casa. Está Adolf, habrás leído sobre él me imagino…

-¿Adolf? Pero qué bueno, si, si, como no voy a leer… he defendido su idea a raja tabla como dicen por mis pagos…

El hombre se sentía apenado. No lograba recomponerse y se puso a llorar. Cada vez más intenso, cada vez más fuerte y no podía parar. No hacía calor, esos son todos cuentos. Qué suerte que no hacía calor.

Por fin levantó la vista. No había horizonte. Parecía una sala blanca infinita. Lo era.

Siguió llorando uno, dos y tres días. Pidió hablar con el jefe y el mandamás se presentó
ante él.

Dijo entre sollozos:

-No puedo dejar de llorar.

-Ya sé hijo de puta, te va a empezar a doler también. Primero sentirás que te asfixias como cuando te meten la cabeza en el agua y te sacan, varias veces en interminables días… Tendrás moretones en todo el cuerpo y lo mejor es que pasarán por tu cuerpo electricidad… qué gran invento ese… y vas a llorar mucho, eso te lo aseguro…

-Pero…

-Pero qué...decime hijo de puta, estoy para lo que necesites.

-No me digas hijo de puta…

-Bueno pero es un sinónimo, ¿sabes lo que es un sinónimo?

-No me digas hijo de puta te lo pido por favor…

El hombre lloró. Empezó a sentir que no tenía más lágrimas. Gritaba de dolor. Decía quien sabe qué… el pelo de sus cejas empezó a caer.

-Bueno Emilio me estoy yendo, tengo cosas que hacer.

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