viernes, 8 de octubre de 2010

El retorno del "fulbito de los miércoles"

Capítulo: Pablo & Pablo S.A.

Cuando perecía el encuentro futbolístico de los miércoles debido a las ausencias y deberes de sus protagonistas, el fútbol volvió. Siempre vuelve.

Fueron casi todos, y digo casi por la ausencia de Santiago, que adujo un problema intestinal-gástrico. Así como Ronaldo se cagó en la final del Mundial de Francia 1998, el simio que venía jugando en un gran nivel sintió ese vértigo que muchos jugadores tienen ante los momentos cruciales. Se sabe que sus cualidades futbolísticas estaban al límite de su capacidad, que había tocado su techo, y cuando a uno le pasa eso no hay otra alternativa que bajar, bajar y bajar.
En el pensamiento ilustrado la historia tiene un sentido, siempre es superador, la humanidad entonces va dirigida a pasar etapas que la hacen mejor, igualitaria, solidaria, revolucionaria para los más radicales. Pero el devenir de la historia no es una flecha que avanza. Con marchas y contramarchas se vive, vivimos, y el mejoramiento o la superación personal es como decía el poeta laureado Carlín Clavo “Una lucha”. Todo esto, absolutamente, es para marcar que el rendimiento de la mayoría de los jugadores que disputaron el partido fue bajo, otros mantuvieron su nivel y otros… más precisamente dos fueron los mejores exponentes de la Ilustración. No eran Rousseau ni Voltaire. Dos en la ciudad, dos en la canchita, déme dos.

El partido fue parejo, el marcador fue testigo de una pobreza infinita para llegar al gol. Trabado en el medio campo, fue en esa selva de fricción en la que se destacaron Pablo II y Pablo “el hombre mayonesa”. Pablo II demostró que la cancha rápida le sienta bien, hizo pasar de largo con sutiles fintas a quien intentó marcarlo, dirán esos que ven en la superficie de los hechos la verdad que “estaba en su día” pero no es así señores, hay que ir más allá: logró un mejoramiento exponencial de su fútbol, convirtió e intentó por todos los modos jugar y dársela a un compañero.
Pablo “el hombre mayonesa” cumplió como siempre con su cuota de luche y vuelve. Fue el primer trabajador (sepan disculpar mi alegoría peronista constante. A propósito: ¡Feliz Cumpleaños General!) pero además jugó buscando el arco rival y obtuvo su recompensa: El gol de la victoria.
Seré breve y directo, más allá de alguna corrida y gambeta endemoniada de Pablo III, éste cronista no contará las mezquindades de los otros jugadores que acompañaron y fueron espectadores secundarios. Tendrán que mejorar, superarse y pensar en el próximo miércoles o por el contrario el camino inverso, ese por el cual la humanidad viene caminado, arrastrándose, no sé sabe en qué dirección.

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