sábado, 27 de marzo de 2010

Alicia en el país…

Alicia era catequista y me odiaba.
Para tomar la comunión teníamos que hacer un año de catecismo, a mí me toco en la escuela Nº 11. Todos los sábados tenía que ir a la mañana, tendría yo unos 9 o 10 años. Me hicieron comprar el nuevo testamento.
Nos explicaban entonces: Las parábolas, esas narraciones fantasticas que yo complementaba con “Conozca más” o “Muy interesante” porque mucho más me importaban los dinosaurios, su extinción era para mí un gran interrogante. Particularmente me gustaba el triceratops.
Alicia creía en lo que decía, muchas veces en medio del relato que compartía con esas mentes prontas a conocer el cuerpo de cristo, lloraba, se emocionaba… era un gran espectáculo. Pero ella vivía convencida en ese mundo de certezas.
Cierta vez en medio de la historia de la multiplicación de panes y peces me sacó una revista que estaba leyendo a escondidas una revista que preguntaba en su título: ¿Qué fue de ellos? y una manada de diplodocus caminado a lo lejos. Me dijo que cómo podía ser, que no le parecía que estuviera perdiendo el tiempo en clase. También me preguntó, qué tema se estaba tratando en la clase, arriesgué:-“La multiplicación de los panes y los peces” porque estaba escrito en el pizarrón. Me contestó que si, pero qué parte, la de los peces aventuré otra vez. Todos se rieron. Alicia se enojó conmigo y anotó algo en su cuaderno. Probablemente esas notas se las mandaban a Dios para que las tenga en cuenta en el juicio final. Un buen rato paso hablando de la importancia de prestar atención, de lo significativo que era para cada uno de nosotros comprender la palabra de Dios. Finalmente me preguntó si tenía alguna pregunta, y yo tomé aire y le dije: -¿A los dinosaurios los creo Dios?, me miró con pena, y afirmo con la cabeza. Fui un poco más allá y le dije: - Entonces el Bing-Bang… me cortó la pregunta y afirmó que no tenía derecho a distraer a toda la clase. Entonces Alicia siguió leyendo; “Cristo ordenó: "Recojan los pedazos que sobran, para que no se pierda nada" (Jn 6.12); y se juntaron doce canastas de sobras.
Y yo afortunadamente, seguí pensando en dinosaurios.

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