sábado, 13 de octubre de 2012

El error de los dioses


Está pero no está.  Y de un momento a otro aparece como un rayo.
 Luego retorna la calma. Se olvidan de él.
Nos preguntamos, todos, expectantes, necesitados y hambrientos: ¿Dónde está?  
Se siente la corriente eléctrica, en ese instante perpetuo y efímero  en el que toma la pelota, el nuevo genio del fútbol mundial.  Ahí colérico Zeus posa sus ojos en él.  Porque bien sabemos que  a los dioses,  si hay algo que los enoja, son los mortales imprevisibles y desobedientes como Prometeo. 
 Es tal vez por eso que se han dedicado a obstruir su genio innato.  El primer plan fue el de atacar su naturaleza con las hormonas de crecimiento y cuando esto no dio resultado decidieron dificultar su vida cotidiana. Como aquella vez en que se quedo encerrado en el baño de su casa en Rosario, tendría tal vez  5 o 6 años y alterado trataba de abrir la puerta porque llegaba tarde al partido, a su primera final. 
Si ganaban les regalaban una bicicleta.
Su equipo perdía 1-0, sus compañeros se preguntaban, como todos allí y hoy ¿Dónde está?
Desesperado, rebelde, el niño  insolente rompió el vidrio de la puerta se subió a una silla y logró salir. Corrió una, dos, tres cuadras y llegó al partido, a la final por la bici.
Simplemente, sintéticamente diré que hizo tres goles y ganaron la bicicleta.
A veces el Olimpo se resigna y nos permite disfrutar de un genio, de un fenómeno de un Rayo silencioso,  agazapado y terrible. Un juguete rabioso que aparece cuando se olvidan de él.

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