domingo, 25 de abril de 2010

Carlo


Carlo se murió. Vino de Italia, de la provincia de Campobasso. Tenía 18 años y nunca volvió la vista atrás. La nostalgia no lo venció y nada se sabe de su familia italiana, de sus hermanos si es que tenía, de sus juegos, amigos, casa, perro.
Nadie le preguntó, porque no sabía las respuestas. Quería olvidar tal vez, un pasado de hambre o años de cárceles por revolucionario. Nadie lo sabe.
Bien lejos, bien adentro suyo guardaba quién sabe qué penurias o momentos felices.
Carlo era maestro contructore, su gran obra fue la sociedad española de San Miguel. Pero Carlo quería aún más a su huerto. Sus tomates, un orgullo personal.
-No te estoy jodiendo, el tano Carlo era un loco de mierda, una vez el tipo vio que un gato se la había metido en la quinta y le comía las verduras. Agarró la escopeta…
-Y mato al gato…
-Si mato al gato y de tantos tiros, destrozó la quinta. No quedo nada en pie…
-Que cosa éste Carlitos…
-Si la verdad era un loco, che ahí esta María…
-Ufff…dale vamos y hagámosla rápido que nunca sé que decir en éstos momentos.
María llora la muerte de Carlo. Ya pasaron tres meses. La fila es larga para hacer la pensión. Quiere no recordar, sentir que bueno, que así es la vida. Quiere aceptar.

-¿Cómo dijo su nombre señora?
Dice el empleado.
-Carlo Carlomagno.
-Carlo… Carlo…Carlo… mmmm… ¿está segura señora?
Cómo no iba a estar segura. Seré vieja pero no zonsa, me estará cargando, éste no tiene ganas de trabajar. Se piensa que soy estúpida señor, que tengo ganas de perder el tiempo. Traje todos los papeles ahí los tiene.
-Vino de Italia si, en el año 1889 si, coincide el número de identificación si, pero Carlo, Carlo no… no…no hay ninguno.
-¡Cómo que no hay ninguno! , Carlo, mi marido, por 40 años, por favor le pido que no me tome para la chacota….
-Señora, tengo que seguir atendiendo, yo nada señora, quien sigue… veintisiete, veintiocho, nueve…
María grita en la dependencia pública, pero cómo me dice una cosa así… llame a su superior, le voy a hacer una denuncia, que no hay un Carlo, yo le voy a dar… ustedes son todos iguales, tengo un conocido que lo va a hacer echar…
El empleado casi traspasando el mostrador, enfurecido, desencajando, escupiendo las palabras dijo:
-Carmelo, Carmelo, Carmelo se llamaba, ¡vieja pedazo de boluda y la reputísima madre que te parió!
Carlo era Carmelo. El hombre había olvidado su nombre como parte de su vida anterior,Carmelo era simbolizaba su pasado, del que nadie sabe nada o tal vez lo habían anotado mal y se confundieron con el apellido, nada extraordinario.Esas cosan pasan...esas cosas pasan.

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