sábado, 17 de enero de 2009

Boludo Laboral I

Te juro que lo mato, me dijo Marcelo, mientras en el almuerzo se relamía de bronca e impotencia. Aquella afirmación era una de las tantas cosas que mi compañero de trabajo hacía, desde que nuestro gerente financiero lo tomo de “punto”. Y esa hora como otras tantas de almuerzo fue signada por la preocupación, la rabia y las ganas de estar en cualquier lado menos en ese lugar y con ese tipo.
- Yo necesito el laburo… si no voy y lo mato.
Muchas veces ocupabamos nuestra hora de almuerzo en tamaño hijo de mil putas que se la pasaba gritando. Todo terminaba con un grito que brotaba desde los más profundo de nuestro ser: ¡Casina hijo de puta!, pero ese día no lo hicimos y de hecho me siento culpable en parte. Ese grito se escuchaba solo en nuestra mesa y que no se pronunciaba era el desahogo y la posibilidad de purificar nuestros pensamientos homicidas.
Trate de calmarlo ese día. Marcelo lloró de impotencia:-Yo necesito el laburo… si no voy y lo mato. Repitió entre sollozos. Pero nunca pensé que lo haría. Era una verdadera locura.
Pero si, así fue y le juro que todos nos quedamos estupefactos, no lo podíamos creer. Marcelo un día no vino más y Casina tampoco.
Ahora hay que ver quién es el forro que viene de gerente.

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