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miércoles, 2 de junio de 2010

Puto el que lee, pero más puto el que no lee.

Ayer se realizó frente al Congreso de la Nación, una marcha en contra del matrimonio entre personas del mismo sexo y su posibilidad de adoptar. Fueron 8.000 personas convocadas por agrupaciones evangelistas y el lema movilizador fue "Un mensaje de los niños: queremos papá y mamá".Escuché cosas inclasificables sobre los gays como: Son enfermos, abusaran de sus hijos, tienen menos expectativas de vida, la peste rosa que nos ataca. En fin no sé de qué me sorprendo.
Salieron a las calles en nombre de Dios. Los argumentos más utilizados fueron que ésta posible ley atenta contra la naturaleza, traspasa y transgrede toda moral, corrompe a la sociedad, la esencia del hombre y la mujer. Naturales ellos. Bíblicos y místicos, Adán y Eva. Mujer y Hombre. No se hable más: El puto es pecador a los ojos de Dios.
Una vez fui a la universidad, ella me dejo pero ese es otro tema. Sin embargo tengo algunos gratos recuerdos. Unos de los momentos que más valoré fue un parcial de sociología general. Cuatro meses estuvimos estudiando a los fundadores, a los clásicos: Durkheim, Weber, Marx. Leí mucho, no podía más, y seguían cayendo los textos, las preguntas en clase, las inseguridades propias del aprendizaje complejo, los atajos en forma de resumen. Nunca había estudiado tanto y con tanta conciencia de que me iban a hacer mierda.
Llego el examen y era una sola pregunta:

1)El género hombre/mujer ¿Es natural? Justifiqué.

Resulta que luego de tanto estudiar, una sola pregunta determinaba aprobar o no.
Hoy en perspectiva, esa pregunta era y representaba todo lo que habíamos estudiado con los tres grandes de la sociología, su denominador común: Comprender que somos históricos, una construcción histórica, somos humanos y dejamos de ser naturales. Somos complejos, construimos creencias, modos de vida, roles, autos, sistemas económicos, celulares, ropa, historias, bombas, la creación, el fin del mundo, juegos y azares.
Nene o nena. Autitos y muñecas. Lo que cada uno es, lo que debe ser, lo normal y naturalizado. Son cimientos montados por el hombre.
Habrá empezado todo esto cuando el mono inteligente se pudo parar en dos patas, cuando le tiró una piedra al animal y lo mató, o cuándo dibujó en la caverna la historia de una hazaña o cuando hizo fuego. No sé si hubo un instante, si puede reducirse a ello, pero en cuánto modificó su medio ambiente, la naturaleza que lo rodeaba, él dejó de ser primitivo, él y nosotros nos alejamos de la naturaleza para siempre.
Averiguo el significado de naturalidad y el diccionario tiene una acepción que dice: “Sencillez en el comportamiento”. Eso es lo que vi y escuché. Sencillez en cada uno de los que hablaban con soltura, ignorancia, chatez y una profunda pajeza intelectual. Pecadores del entendimiento.
Y la señora de la marcha sigue gritando en la TV; ¡son pecadores! ¡El demonio!. La señora tiene un gorro con lentejuelas que no es natural, en el que brilla la frase “Jesús te ama” y entonces disculpe que la interrumpa señora, pero si Jesús me ama, en el barrio sería naturalmente, un tremendo puto.
Y si señora, a los pelotudos se les contesta con pelotudeces.

sábado, 27 de marzo de 2010

Alicia en el país…

Alicia era catequista y me odiaba.
Para tomar la comunión teníamos que hacer un año de catecismo, a mí me toco en la escuela Nº 11. Todos los sábados tenía que ir a la mañana, tendría yo unos 9 o 10 años. Me hicieron comprar el nuevo testamento.
Nos explicaban entonces: Las parábolas, esas narraciones fantasticas que yo complementaba con “Conozca más” o “Muy interesante” porque mucho más me importaban los dinosaurios, su extinción era para mí un gran interrogante. Particularmente me gustaba el triceratops.
Alicia creía en lo que decía, muchas veces en medio del relato que compartía con esas mentes prontas a conocer el cuerpo de cristo, lloraba, se emocionaba… era un gran espectáculo. Pero ella vivía convencida en ese mundo de certezas.
Cierta vez en medio de la historia de la multiplicación de panes y peces me sacó una revista que estaba leyendo a escondidas una revista que preguntaba en su título: ¿Qué fue de ellos? y una manada de diplodocus caminado a lo lejos. Me dijo que cómo podía ser, que no le parecía que estuviera perdiendo el tiempo en clase. También me preguntó, qué tema se estaba tratando en la clase, arriesgué:-“La multiplicación de los panes y los peces” porque estaba escrito en el pizarrón. Me contestó que si, pero qué parte, la de los peces aventuré otra vez. Todos se rieron. Alicia se enojó conmigo y anotó algo en su cuaderno. Probablemente esas notas se las mandaban a Dios para que las tenga en cuenta en el juicio final. Un buen rato paso hablando de la importancia de prestar atención, de lo significativo que era para cada uno de nosotros comprender la palabra de Dios. Finalmente me preguntó si tenía alguna pregunta, y yo tomé aire y le dije: -¿A los dinosaurios los creo Dios?, me miró con pena, y afirmo con la cabeza. Fui un poco más allá y le dije: - Entonces el Bing-Bang… me cortó la pregunta y afirmó que no tenía derecho a distraer a toda la clase. Entonces Alicia siguió leyendo; “Cristo ordenó: "Recojan los pedazos que sobran, para que no se pierda nada" (Jn 6.12); y se juntaron doce canastas de sobras.
Y yo afortunadamente, seguí pensando en dinosaurios.