lunes, 28 de julio de 2014

Messi: La Concha de tu madre

“Un gran poder conlleva una gran responsabilidad”
Tío Bob a Peter Parker

“Levántate hijo de perra, porque Micky te ama”
(Del Libro “La puteada  en su debido contexto”) Micky a Rocky

1-    Festejo la importancia de haber llegado a la instancia final luego de 24 años. El tango dice que 20 años no es nada, entonces 24 son muchos. Demasiadas frustraciones. Hoy podemos decir que estamos en la discusión y entre los mejores.

2-   Messi tuvo un andar irregular, pero en la fase de grupos fue decisivo, determinante, lo cual me ilusionó como pocas veces.  Nos ilusionó. Lo amé futbolísticamente.

3  Hay, creo, una defensa excesiva sobre la figura de Leo. Qué no se lo puede comparar con el Diego, que son dos personas distintas, que uno tal cosa, el otro tal otra. Boludeces. Con quién comparó a Messi si no es con Maradona… con el ¿Lagarto Fleitas? Se lo compara con el mejor porque es el mejor de hoy. Son distintos. Siempre, hablando desde la óptica futbolística, que es la interesante. Los comparo porque es ineludible, nadie o sólo ellos dos nos han dado esa sensación de que cuando tienen la pelota “algo va a suceder” Una vez un amigo me dijo que a él le parecía que Diegote era como el Terminator I, una máquina perfecta de jugar al fútbol. Que tiene debilidades pero las suple con esfuerzo y coraje. Messi en cambio es el Terminator líquido. Va a ganar, te va a ganar porque nada lo detiene. Como dice Alejandro Dolina, “Gana por pura superioridad” tal vez menos estético, pero más efectivo. Los dos geniales.

4-   Mis amigos me han criticado en reiteradas ocasiones porque siempre pensé que Messi tenía que ganar la copa. Los mejores del mundo, se destacan en éste coliseo romano moderno, que es el mundial de la FIFA. Diego no es Diego sólo porque la rompió en el Napoli. Pelé es tan grande porque ganó en el mundial, no por los goles del Santos ni los de la Playa que le contaron para conformar su record de 1284 goles.  Es una opinión, que nadie se altere. Puede fallar.Grandes jugadores hay muchos. Pero destacarse en un mundial, atravesando todas las presiones externas e internas; jugando al límite, mata o muere. Para mí quienes lograron eso merecen estar por encima de otros jugadores que fueron muy buenos; grandísimos, ídolos.

5-  Por supuesto que cualquier jugador puede tener un mal partido. Sentir la presión que lo domina, no encontrarle la vuelta. Le pasó a Messi, le pasa al cinco de Nueva Chicago.  No dudo de que eso suceda. El 14 de Julio era la fecha señalada, la cita con la historia de éste tipo que me hace hablar en el silencio y me obliga a escribir para ordenar lo caótico que son mis sentimientos. El duelo va pasando y las palabras curan. Era su momento.
¿Cómo es eso de que no hay que reprocharle a nadie nada? Por qué caer en ese pajerismo intelectual de hacer extensivo el fútbol alemán, con las políticas de estado de la Gran Alemania, que ahorca a sus Euroamigos. La lógica Alemania; país ordenado, potencia, proyecto  de país pide a gritos el razonamiento de que Argentina es todo los contrario. Esto estuvo a la orden del día de muchos comunicadores. Es fácil y es mentira. Ningún programa futbolístico podría crear o generar talento en los futbolistas. Tal vez mejores condiciones para el desarrollar su carrera, pero la fábrica mágica sólo la tiene Charlie y el tipo hace chocolate. Jugar al fútbol como algunos de los alemanes no se puede explicar, jugar al fútbol como Messi tampoco.  
Se ha establecido en muchos lugares de opinión que criticar a Messi sería no saber de fútbol. Y bueno, son argumentos que anulan cualquier discusión posible.
Pero al que no lo desilusionó su rendimiento, en SU final del mundo que arroje la primera frase hecha: “Se sacrificó para el equipo”.   

6-      La concha de tu madre. Era tu partido, vos lo sabes. Te lo digo como a un amigo. Te lo digo con el sentimiento que me generó tu primer tiempo y el desengaño de la parte final. ¿quedaste atrapado por la marca o la cabeza? ¿No pudiste creer  esa que paso al lado del palo? Una de esas que siempre haces morir en la red. No soy resultadista. No Siempre se puede perder, el tema es cómo. Si te hubiera visto desesperado por agarrarla, por encontrar la forma, no sé… intentar, aunque no salga  y los alemanes te hubiesen anulado… te vi deambular por la cancha y por eso Leo, aquí es cuando apelo a esa frase que le dice el Tio Ben a Peter Parker, el hombre araña: Un gran poder  conlleva una gran responsabilidad”


7-      Una vez escribí que eras “Un rayo silencioso, agazapado y terrible. Un juguete rabioso que aparece cuando se olvidan de él” Sos el mejor Leo. Pero no apareciste y ni vos ni nadie lo va olvidar.
     






   

viernes, 18 de abril de 2014

El silencio del monseñor



¿Dónde está Héctor?
El secretario personal del monseñor había atravesado el parque arbolado y florido del arzobispado de La Plata.  Estaba visiblemente agitado, había corrido, porque viendo la televisión en la cocina, un último momento del canal de noticias informaba que el nuevo papa había sido elegido. El mundo miraba al balcón de la capilla de Sixtina, y el secretario pensó que se molestaría mucho el monseñor si no le avisaban. No quería una reprimenda más. Pasaban cinco minutos de las siete de la tarde, del 13 de marzo de 2013 y el secretario personal corría por los pasillos a los gritos preguntando, implorando: ¿dónde está monseñor Aguer?
Entre sombras, con las puertas y ventanas cerradas, fumando como nunca antes, solo en su despacho, Héctor  Aguer, el arzobispo de la ciudad de La Plata, miraba la televisión nervioso. Sabía que había alguna probabilidad, pero… rezaba, confiaba, apretaba sus dientes. Habían pasado seis minutos de las siete de la tarde. La placa de la tele afirmaba “En instantes anuncian al nuevo papa”
Siete de la tarde y siete minutos. El cardenal francés Jean Louis  Tauran,  vestido de rojo, salía  caminado con mucha dificultad, al balcón para informar al mundo, que habemus papam, y luego el alter ego de Montgomery Burns de los simpsons, decía: Georgius Marius Bergoglio.
No entendió bien Aguer. Pensó que era un mal sueño. Entonces, vio salir a su enemigo, que sonriendo alzaba los brazos hacía la multitud. Siempre había odiado  a ese “Rústico peroncho”.
Quiso gritar, correr, romper absolutamente todo. Su secretario golpeaba la puerta. Pero nada salió de la boca de Monseñor Aguer. Lloro  un poco. Luego el silencio. Casi de muerte, de derrota máxima, infinita y total.
Había ansiado como nadie el poder total en la iglesia argentina, él que era  el jefe de la más rancia derecha católica, tenía una disputa personal con el Jesuita Bergoglio, había movido como nunca todas sus influencias en Roma, pero sólo para asegurarse. Porque no creía cierta siquiera, la posibilidad.  La astucia de Jorge era de cabotaje, no iba a hacer eco en las más altas esferas de la política vaticana. Le dolió su error. Lo subestimo.
Recordó los cruces doctrinales con Bergoglio, los enojos en las asambleas, los desplantes que le había hecho. Sintéticamente Aguer lo veía como una piedra en zapato.
Pronto una imagen terrible se le vino a su mente; en la capilla Sixtina, era él arrodillado, él besando el anillo papal y Bergoglio, ahora Francisco mirándolo desde arriba como un triunfador, cómo debe mirar un papa.
En todas las iglesias del país sonaron las campanas de la gloria por un  padre de la iglesia. En la catedral de La Plata, no. Un sumo pontífice, argentino, latinoamericano, jesuita y Bergoglio, no era nada para  festejar. Mejor el silencio.

 Ese mismo día Monseñor Aguer acomodó sus cosas rápidamente en una valija y escapó a un monasterio de la ciudad Azul, en busca de silencio, que casi siempre es el sonido de la derrota política. 

miércoles, 9 de abril de 2014

Es el peronismo, estúpido

"Yo nunca me metí en política. Siempre fui peronista”
Osvaldo Soriano.

Por qué tanta desilusión. ¿Hemos pensado, acaso, que por un momento la historia iba  en una dirección?  Nos engañó , tal vez,  que durante diez años tuvimos la posibilidad maravillosa de tener razón y tener poder. Barro, señores. Luces y sombras, ha sido eso el peronismo, y creo humildemente que siempre lo será. Nuestro Leviatán. Un monstruo para gobernar la argentina.En el cual emergió el Kirchnerismo desde sus entrañas.Luego conquistó muchos corazones, durante un ciclo más o menos de diez años , que 678  y TVR nos recuerda hasta cambiar de canal, porque los argumentos de Barone ya están oxidados y es mejor ver qué otra cosa hay en la tele.   
Nos desanimará tal vez el talento matinal de Capitanich de no decir nada, comparable al de la última esperanza blanca, nuestro querido (ahora, no sabremos hasta cuándo) Danielito Scioli. 
Positivo. Turismo. Trabajar. La nada misma.
 No seamos ingenuos, acaso, una pequeña devaluación del 60%, alguna propuesta legislativa de reglamentar un derecho tan elemental como el de huelga, la sombra del papa argentino en el código civil, un sacerdote como pope en el combate contra las drogas o la decisión pro punitiva de nuestro gobernador de poner 600 millones de pesos y miles de policías retirados por viejos, garcas o impunes. Todo al calor de una discusión clasemiedista, que resultó un buen punto para el poder que nos interpreta a cada rato y en ésta le tenemos que dar la derecha, valga la redundancia; acertó. Después de tantas una tenía que pegar.
El combo parece horrorizarnos. Con papas y gaseosa grande por favor.
Por qué nos sorprendemos de que nuestra arquitectura feudal del conurbano haya manifestado casi unánimemente que van con el niño Massa. Aquí recuerdo a Néstor que en el libro “El flaco” afirmaba más o menos, que si él no se apoderaba del “aparato” el mismo sistema corleonico lo iba a destruir a él.  Por un rato, los tuvimos a merced, fueron nuestra columna. Los capos contentos de ello, las cinco familias: Ishii; Cariligno; Othaché; Curto; ¿Posse? y quien más le guste agregar. Ciencia Política señores, es mirar la saga del Padrino y entender cómo se construye poder, cómo se conserva y cómo se lo pierde. Nuestro Príncipe de Maquiavelo, quiero decirles, es ésta obra maravillosa de Francis Ford Coppola. Y sí, afortunadamente la maquinaría de Hollywood a veces se equivoca.
También en la envidia, por favor no lo tomen a mal  camaradas, me resulta hermoso pensar que el capitalismo, está a punto de caer, en cada esquina de las vicisitudes de nuestra historia. Qué bueno, ustedes lo dijeron ayer y hoy,  palabras más, palabras menos: Todo es una mentira. Es la burguesía estúpido. Pensamiento romántico, inconmovible y maravilloso. Pero bueno, tener razón, tener las herramientas discursivas cuasi religiosas de la santísima trinidad Marx-Lenin-Trostky, no nos sirven de mucho, más que para marcar contradicciones. Ustedes tuvieron razón, actuaron como se esperaba y pienso a esta altura de las cosas que es su lugar en el mundo: No convertirse en alternativa real de poder. Massa no es revolución. Buena elección en Jujuy. Y punto. Fuera Yankees de dónde sea, YA!  
Pienso ahora en la dificultad de ser Peronista. Como dice mi admirado Alejandro Dolina “Ser peronista  siempre fue  difícil, porque no produce prestigio social, sino más bien lo contrario y segundo porque uno está muchas veces mal acompañado .El peronismo por su carácter  de movimiento, por no ser un partido, sino un movimiento abarca unas regiones del pensamiento político, muchas de las cuales hay que tener un cierto estomago para deglutir, de manera que no sólo ante los demás, sino ante uno mismo, suele ser difícil”
El fin de la historia, es un relato, un cuento. Resulta que papá Bush ganaba por goleada en las elecciones que lo iban a enfrentar a Bill Clinton. El sabio wikipedia afirma que tenía un 80% de popularidad producto de la guerra del golfo y el final de la guerra fría.  Una gran política exterior para los halcones. El niño Billy entonces, tenía de asesor a un tal James Carville, que pensó que para dar vuelta tal tendencia, era necesario que el discurso demócrata se centrará en varios aspectos esenciales, que la administración Bush había descuidado. Así nuestro amigo James pegó carteles en los bunkers con tres puntos básicos :
1-Cambio vs más de lo mismo.
2-La economía, estúpido.
3- No olvidar el sistema de salud
Si bien estos tres puntos eran de tono interno, la frase muto, convirtiéndose en “Es la economía, estúpido” y se estableció como un exitoso slogan de campaña, el cual, rosca y sueño americano mediante, logró derrotar al viejo George, en una elección impresionante. Puede que este  cuentito real politik  rescate, tal vez la necesidad de ante cada situación, entender qué procesos son los esenciales para pensar, tal vez un poco. Tal vez nada. Qué está pasando con éste Neo Peronismo, llamado Kirchnerismo.
Y hay tantas soluciones. Podría decirse que es la clase media recuperada, los medios, el medio, la imposibilidad de ser más progresistas, errores propios y ajenos, la derrota discursiva mediática, Insaurralde y su amada, no poder construir un candidato más allá del líder (algo genuinamente peronista, si lo hay) y así podríamos seguir hasta el próximo bocado que tire Sergio Massa.  
Es decir, finalmente nos vamos cuidando el cero en nuestro arco. Temiendo, por qué no, que en algunos años la interpretación que se haga de los hechos nos haga ocultar nuestra condición K, semi K, proto K, casi K.
Pero mientras escuchó a la vecina del primer piso, que grita que habría que matar a todos los negros, que no hay un pibe de la Cámpora que no sea corrupto y que los negros, tienen hijos  para cobrar la asignación. Entiendo que es el peronismo el que ha pasado y nos ha atravesado una vez más como sociedad. Nos ha enfrentado y nos ha hecho discutir de política, algunas veces más alto, otras veces tan, pero tan bajo. Que me emocioné con tantas cosas,  que me abrazaría con Barragán y toda su troupe. Que se lograron cosas, que básicamente, generan odio.  Que eso que dice la vieja, es un “odio que no conviene olvidar” como decía el gran Osvaldo Soriano, en su crónica sobre Gatica.
Que no debemos sorprendernos. Porque la única corporación, que pudo y podrá  enfrentar a los poderes reales del país, hoy se está reacomodando, detrás de intereses nada populares. Aunque nos incomode y nos duela.
 Habrá que volver a resistir desde adentro, una vez más, porque es así y nunca es como debería ser.
Es el peronismo, estúpido. Siempre lo supimos.
      


martes, 24 de septiembre de 2013

El perro anarquista


Hoy me llamo mi vieja y me dijo que Napo se había escapado. Napoleón se llama mi perro.

No le di importancia, siempre se escapaba y volvía en una hora o dos. Golpeaba la puerta con la pata y ladraba para  avisar que ya  había llegado, que ya había hecho su recorrido, que los dominios estaban en orden, que podía quedarse tranquilo y volver a su trono.

Pero hoy no volvió.  Y entonces me queda lo de siempre, lo inherente y que nos hace humanos: recordarlo. Por el principio, tal vez para ordenar lo anárquico, lo impredecible, lo extraño de ese animal que nunca logré entender.
En la pequeña jaula, el mandaba. Gruñía, mordía, toreaba, a los pequeños perros abandonados, que además de cargar con esa condición, debían soportar la fiereza del descarriado raza calle más chiquito que ellos, que con su prepotencia lograba obtener la mitad de la jaula a su merced, marcar su territorio a fuerza de convicción en sus posibilidades. Era 2002 y me lo lleve de la veterinaria que los regalaba. Me gustó su actitud y la idea de normalizarlo. También creo que me compadecía de sus compañeros de jaula, estoy seguro que me han agradecido ese gesto.

Lo llame Napoleón. Mi bautismo, luego de mucho meditarlo, tuvo que ver con las características de este animal que creía ser de grandes proporciones, extremadamente fuerte, que siendo cachorro se lanzaba a pelear con perros adultos, con humano adultos, con todo lo que se interpusiera ante él. Tenía una confianza absoluta.  Pero era flaco, desgarbado, no muy agraciado, para decirlo claramente: era feo. Dije era.  Y Ya lo extraño.  Cómo el histórico, el emperador francés que según se decía era petiso y gordo, proveniente de una familia acomodada venida a menos y de Córcega, cuestión que no era honorable, como un perro de la calle para la élite francesa. Sería luego emperador, sería Napoleón I y se coronaría el mismo, no lo haría el Papa que masticaba rabia espiritual mientras ya empezaba a conspirar.Y se sabe que para ser emperador hay que primero creérselo. Y se sabe que el trabajo de los sumos pontífices sólo consiste en conspirar.

 Nunca pude hacerle entender que no debía robar comida, que su método de asaltar la mesa en medio del pánico de los comensales,  no era el mejor; que la ropa tendida no era para que la haga mierda; que tenía que respetarme porque yo era su dueño, era la autoridad; que era necesario que se comporte bien, porque mi vieja lo quería desterrar; que ya estaba grande para comportarse como un pendejo; que para la convivencia con humanos  se tenía que bañar y tener un collar. Dos cosas que nunca logré. Nunca lo pude bañar, no pude ponerle un collar, tal vez el símbolo de la opresión perruna, de la propiedad. Y él era anarquista. Libre. Maldito. Yo nunca lo pude comprender. A veces al punto de odiarlo.

Pero nos queríamos. Cuando yo le acariciaba atrás de las orejas, él me miraba y me mostraba su pequeño pasado de hambre y su trauma con el agua. Un humano quiso ahogarlo.  Cuando dejaba de rascarlo, me ordenaba seguir, con su cabeza buscando mis manos, hasta que se cansaba e inevitablemente se dirigía a mandarse alguna cagada. ¡No Napoleón! Fue la frase que más escuchó en toda su vida.   

Lamento no haberte enseñado algo. Por lo menos, me hubiera gustado que supieras que no tenías que escaparte de la casa. Hacerte entender que ese era tu dominio, tu imperio, que debías respetar algún tipo de autoridad, que bueno, que en la vida hay que respetar las reglas. Siempre.

Cosas que no existían para vos. Intentos fallidos míos. Porque se sabe y ya no escupiré más certezas; que si hay algo imposible, es ponerle límites a un perro emperador y anarquista.

jueves, 18 de julio de 2013

Otra vez

Otra vez. Imposible.

Corrí con él a la par, unos diez metros, por el costado del área grande, forcejeando, casi llegamos a la línea de fondo, ya lo tenía medido: La patada sería desleal, sería el hombre más puteado de la cancha. Pero me importaba muy poco. Otra vez. Técnicamente imposible. El tipo frena donde la inercia y las leyes de la naturaleza afirman que no, no se puede, no se debe. Su cuerpo levemente llegando a los cuarenta y cinco grados va hacía adentro. Yo, hace milésimas eternas de segundo, que estoy pensado como los miles que están en el estadio, que ese mortal, no llega, que se le escapa, que no puede ser, que pasó, que llegó, otra vez y me dejó como un hombre mirando al sudeste. 

Otra vez. Engancha Orteguita y lo seguirá haciendo hasta el final de nuestros días.

martes, 9 de julio de 2013

Los argentinos moscas

El club Villa Tranquila no puede jactarse de su limpieza. Es un club de barrio, pequeño, amable, dominado por los viejos, con una cancha de bochas, un buffet, una cancha de fútbol cinco y mugre. Mucha. En cada rincón.
 Jamás, como hombre más o menos honesto, recomendaría un pebete de jamón y queso o una hamburguesa completa de la cocina del club. No quiero tener ese carga en mi vida. Podría decirles que en la comisión directiva, las moscas son las socias mayoritarias. Ellas sobrevuelan como una gran ejercito las instalaciones. Algún vez un viejo gritó, mientras jugaba su decimoséptima partida de truco y su tercer medida de Whisky, que ¿Por qué carajos las moscas no pagaban la cuota social mensual?
Rondan las moscas sin temor.Y entonces, a veces es mejor no recordar. Porque yo entré a la cocina, cuando Tita me hizo pasar a buscar un poco de hielo, para el golpe del Melli en la rodilla producto de una de la centenares llegadas a destiempo de Leo.

Hay cosas que debe uno olvidar y otras que conviene tenerlas siempre a mano. Como cuando el mocho un viejo del club, me explicó la teoría de la moscas. El octogenario afirmó con fervor etílico “Vio lo que pasa con las moscas… estás lo más tranquilo, viene una mosca y te empieza a joder, uno naturalmente la espanta con el brazo. Ella se va. Pero luego de un rato vuelve al mismo lugar, y es en ese sitio donde seguramente morirá… aplastada por nuestra torpe mano. En definitiva abatida por su propia estupidez”. Luego el mocho rememoró sus vivencias, como todo viejo. Pero conjeturó que los argentinos tenemos la misma lógica que las moscas y soltó su baranda a vino barato como así también sus verdades y heridas: "Yo recién escuché algunos muchachos que decían: “A estos negros hay que matarlos a todos”; “Que vayan a trabajar a su país”; “Acá nadie quiere laburar”; “Estos zurdos de mierda”… y cosas así que los ubican en el lugar más cómodo:la ignorancia más profunda y manifiesta, el encanto simplificador, totalizador del no pensamiento. A comprar la carne podrida de los grandes grupos económicos-periodísticos… no sé si me llegas a entender…”
-Sí, sí, creo que sí. Pero igual lo dicen en joda los muchachos…no les interesa mucho la política...
El mocho asintió con la cabeza. Pidió una medida de Branca.
Estaba apoyado sobre la mesa de naipes. Cerró lo ojos, meditó un momento con la mano en la barbilla y largó:-Puede ser...pero en definitiva sabotean a su propio país. Son como las moscas… que olvidan quién quiso dañarlas, que no reconocen la mano del enemigo y que por sobre todo, mi buen amigo, por sobre todo comen… comen mierda…

domingo, 16 de junio de 2013

ALLÁ ABAJO


 17-05-2013
No, acá no se queda, no y no. Dónde lo llevo, decime qué hago.
... No es mi problema, pero acá no se queda.
Implacable, el guardia se negaba a dejarme pasar con el reo.
Grité. Pero acaso no es aquí donde están los homicidas, pero acaso no es aquí donde están los hombres que han hecho del mal su vida, no es aquí donde la execración será castigada y el fuego eterno será su pena.
El guarda sonriente nos miró. Luego dijo burocráticamente; que efectivamente era allí. Y agregó: “Pero no somos tan malos, después de todo, hasta el mismo infierno, que tanta mala prensa tiene, es incapaz de albergar tanto odio”
Nos marchamos. Supe allí que mi tarea sería muy espinosa y que el camino que recorreremos será tal vez el castigo; de infierno en infierno, de puertas en puertas, de guardias en guardias, y rechazos tras rechazos. Buscando un infierno en el que por fin acepten a mi reo Jorge Rafael.